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Covid-19: Decálogo de lecciones pandémicas

  • 8 agosto, 2021

Autor: Sergio García Magarinho, Universidad Estatal de Navarra y Augusta Lopez-Claras, Foro de gestión global

Las crisis son oportunidades para crecer, desarrollarse, salir del caos con un orden nuevo, más complejo y rico. Sin embargo, la vivencia de dificultades, ya sean individuales o sociales, no garantiza en sí misma el progreso y el aprendizaje: se deben hacer esfuerzos para identificar lecciones, y una fuerte voluntad y determinación para hacer ajustes a patrones de comportamiento que ya son dinámicas institucionales.

La pandemia COVID-19 ha abierto nuevos debates, provocado cambios con consecuencias impredecibles, creado algunos problemas nuevos y establecido una relación curiosa que es fundamentalmente diferente a las preexistentes.

Así, y para que el forzado proceso creativo y experimental al que el mundo parece estar expuesto tome un rumbo constructivo, sería positivo extraer al menos diez lecciones de esta crisis.

1. El cambio climático requiere la transformación del modelo de desarrollo y el sistema de gobernanza mundial

La recurrencia de epidemias y zoonosis en los últimos años no puede explicarse sin las transformaciones ecológicas del planeta como consecuencia de la acción humana. Se debe recordar al Covid-19 que la amenaza climática es mayor y tan real como la amenaza inmediata del terrorismo o las armas de destrucción masiva. Sin embargo, combatir con éxito el cambio climático requiere un enfoque global y una revisión en profundidad de los fundamentos sobre los que se construye nuestro sistema de producción, comercialización, procesamiento y consumo.

2. La cooperación internacional debe reemplazar la competencia y el conflicto

Hace un siglo, los procesos sociales no eran tan complejos ni estaban tan interconectados. Sin embargo, en el contexto de los fenómenos colectivos, donde el bien común debe primar sobre el bien individual, y la protección personal solo puede lograrse a través de la protección grupal, se requieren sistemas de cooperación. La cooperación, además de la manifestada en el ámbito de las relaciones, debe cristalizar en la forma de instituciones que la promuevan. Fortalecer los cimientos de las Naciones Unidas con importantes ajustes que se han señalado durante décadas podría ser un buen punto de partida.

3. La globalización deslocalizada genera fragilidad, dependencia y vulnerabilidad

La escasez de mascarillas, geles o papel higiénico en los primeros meses de la pandemia hizo hincapié en que la ubicación de la industria manufacturera dependía únicamente del costo y la calidad de la mano de obra, siempre que en 24 horas cualquier producto pudiera llegar a cualquier parte del mundo. tan racional como parecía. La vinculación de al menos algunas de las industrias de base a nivel local no solo reduce la contaminación asociada con el transporte, sino que también aumenta la autosuficiencia y la resistencia a los impactos inesperados.

A su vez, la comunidad geográfica fue declarada como el principal espacio social de socialización, apoyo mutuo y organización económica. La modernización ha diluido las comunidades tradicionales y ha llevado a las comunidades virtuales y afiliadas a satisfacer el deseo inherente de una persona de pertenecer a un grupo. Esta brecha histórica probablemente ha liberado a las personas de las formas sutiles de dominación y opresión asociadas con las comunidades tradicionales. Sin embargo, las comunidades virtuales y las comunidades a las que pertenecen no son suficientes como espacio de experimentación y acción colectiva, necesaria para dar respuesta a una crisis tan profunda como la actual, o para crear modelos locales y sostenibles de organización económica. La ayuda más básica durante la pandemia, así como la infusión de aliento y esperanza, también provino predominantemente de las comunidades locales circundantes, emergió como un ave fénix de las cenizas de la modernidad y esperó una reforma para que tomara forma aún no perceptible.

4. Es necesario reconsiderar el significado de seguridad nacional

En la mente de la gran mayoría, este concepto evoca imágenes de instituciones militares, ejércitos y fuerzas armadas bien equipados, dispuestos a defender los intereses nacionales de posibles ataques reales o imaginarios de posibles agresores. Pero COVID-19 nos ha demostrado que en medio de una pandemia el arma más sofisticada y destructiva es completamente inútil: la bomba atómica es ineficaz para combatir el virus. Ahora puede ser necesario considerar la seguridad nacional en términos del bienestar de las personas, la capacidad de los gobiernos para tener una infraestructura de salud bien preparada, para poder contar con un medio ambiente sano, para tener los recursos necesarios para seguir educando a los niños y niñas y jóvenes que se preparan para un mundo y una economía cada vez más complejos.

5. Restablecer las prioridades del gasto público

Covid-19 ha descubierto que la gran mayoría de países están lejos de estar preparados para hacer frente de forma eficaz a sus devastadores efectos. Incluso los países de ingresos altos han visto colapsar sus hospitales y sistemas de atención médica. Sin embargo, en medio de una pandemia [según datos del FMI], el equivalente al 6,3% del PIB mundial se sigue gastando en subvencionar la energía (gasolina, electricidad, gas natural, carbón), lo que agrava el cambio climático, así como la desigualdad económica, ya que el 60% de los beneficios de estos subsidios cae en manos del 20% de la población más rica.

Frente a los altos niveles de pobreza extrema, desnutrición y analfabetismo en el mundo, esto representa un derroche masivo de recursos rayano en lo criminal. Debería haber una discusión amplia y seria sobre las prioridades del gasto público ante el escenario futuro de importantes requerimientos financieros como consecuencia del cambio climático y los desafíos asociados a presupuestos que ya no están equilibrados por la misma crisis.

Las prioridades también deben incluir los sistemas de salud pública, ya que la tendencia ha sido preferir la medicina especializada a la atención primaria y, a veces, reducir el presupuesto general de salud.

6. Ampliar el alcance de la protección social

La característica del coronavirus y otros patógenos similares en el mundo globalizado es que representan un peligro para toda la especie humana. La viruela, que en 1967 había infectado a 15 millones de personas al año y había matado a 2 millones de ellas, fue finalmente erradicada en 1980 después de que la Organización Mundial de la Salud anunciara que casi toda la población del mundo había sido vacunada.

El cierre de fronteras no garantiza la eliminación del riesgo de contagio, salvo que es una medida de política ineficaz, dado el alto grado de integración de las economías del mundo. Una solución más realista, y ciertamente menos perjudicial para el bienestar humano que intentar entrar en el proceso completo de desglobalización, es ampliar el acceso a la atención médica y la protección social básica para un porcentaje mucho mayor de la población mundial; no solo sobre la base de criterios de solidaridad, sino también para minimizar el riesgo sistémico, tanto el colapso económico como la vida humana, que involucra a las poblaciones vulnerables, especialmente vulnerables a las pandemias: las poblaciones vulnerables necesitan ser protegidas para proteger a todos.

7. La confianza debe cultivarse y mantenerse

Responder a una pandemia requiere una perspectiva basada en el principio de interconexión. Sin un concierto de todos, la respuesta no es efectiva. La confianza debe desarrollarse tanto entre países como entre sectores de la sociedad, así como entre líderes y gobernados. La comunicación institucional y mediática para facilitar esto debe ser clara, consistente, persistente y didáctica.

Debe evitarse a toda costa la polarización climática; es un arma que puede destruirnos. El lenguaje tiene consecuencias; la erosión democrática se desarrolla imperceptiblemente; La cohesión social es un valor que no se puede dar por sentado, porque cuando desaparece, se necesitan décadas para recuperarlo. Finalmente, el recurso a la cooperación ciudadana fomenta la confianza y es más efectivo en el mediano plazo que un intento de cambio de comportamiento ante la ley y las autoridades coercitivas; aunque pueden ser excepcionalmente necesarios.

8. Época del periodismo profesional

La información es fundamental. Sin embargo, un exceso de información no verificada, sin interpretación y sin significado claro, intoxica y genera problemas adicionales. El déficit entre la cantidad de información en circulación y la capacidad cognitiva para absorber esta información agrava la crisis de salud. Se debe elogiar y fortalecer el papel mediador del periodismo profesional. Esto no quiere decir que los grandes medios de comunicación siempre hayan abordado este tema, pero enfatiza su importancia para la democracia y la respuesta colectiva a los fenómenos comunes.

9. El alcance de las decisiones políticas

El conocimiento experto debe alimentar las políticas públicas, pero la política pública no puede depender simplemente del conocimiento experto: debe enriquecerse a través de discusiones en diferentes niveles y con diferentes actores. Las instituciones también deben convertirse en estructuras que incorporen el aprendizaje basado en la experiencia en sus actividades. El ámbito de las decisiones políticas no es un ámbito técnico, sino práctico, por lo que siempre existen diferentes direcciones de acción posibles, que están formadas por diferentes ideas sobre lo que significa el bien común en un momento dado.

10. La digitalización, el teletrabajo y la educación virtual son estrategias transformadoras

Sin embargo, estas estrategias en la mayoría de los casos deben verse como elementos de apoyo a las relaciones humanas cara a cara más que como un reemplazo. El trabajo a distancia y la educación virtual, en particular, traen consigo nuevas y mejores desigualdades que ponen a quienes ya han pasado de condiciones adversas en una situación mucho peor. La escuela, principalmente en las etapas inferiores, es un elemento nivelador, como pocos, un espacio de mediación entre la familia y la sociedad indispensable.

La conexión a Internet y los lugares adecuados para estudiar y trabajar no son los mismos en todos los hogares; tampoco existen los recursos cognitivos y emocionales de las familias para apoyar a sus hijos. El teletrabajo no es posible en muchas ocupaciones, y en las que sí lo son, en ocasiones supone una violación de la saludable separación entre el tiempo de trabajo y el tiempo familiar y de ocio.

Hay muchos otros problemas técnicos relacionados con el manejo de una pandemia. Sin embargo, este decálogo puede resumir las lecciones clave que se pueden aprender en la toma de decisiones de políticas y acciones colectivas. Con suerte, la llegada de la tan esperada vacuna no hará que nos olvidemos de ellos. Los problemas éticos, políticos y prácticos, como se mostró anteriormente, no se resuelven solo con medidas técnicas: requieren experiencia, discusión, reflexión y, en última instancia, capacitación.

Sergio García Magarinho, investigador de I-Communitas, Instituto de Investigaciones Sociales Avanzadas, Universidad Estatal de Navarra y Augusto López-Claras, exdirector de Desempeño del Banco Mundial, Foro de Gobernanza Global

Este artículo se publicó originalmente en el sitio web The Conversation. Lea el original.

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