El asesino del triple crimen de Usera

  • 16 diciembre, 2018
El asesino del triple crimen de Usera

Testimonio del Asesino de Usera

«He dormido 10-15 minutos al día desde que pasó esto; hice cosas horribles sin querer, créeme, la gente pierde la cabeza, yo lo hice (…); estoy muerto por dentro (…); soy el responsable de todo y ahora soy malo; perdí la cabeza y dejé de pensar; siento todo esto con todo mi corazón; ya que nadie me va a perdonar jamás lo que ocurrió, espero desaparecer lentamente de vuestras vidas». Así se expresó Dahud Hanid Ortiz en un correo electrónico que remitió a la hermana de su mujer el 5 de septiembre de 2016, dos meses y medio después de haber asesinado (supuestamente) a Maritza O.Elisa C. y John Pepe C. en el despacho que el abogado Víctor Joel Salas tenía en la calle Marcelo Usera de Madrid.

Dahud ya estaba en Venezuela cuando escribió el mail. Había volado a aquel país para eludir la acción de la justicia española, que ya por aquel entonces tenía puestos los focos en él. Los investigadores del Grupo V de Homicidios de la Jefatura Superior de Madrid le consideraron desde el principio como el único sospechoso del triple crimen. El hallazgo en la escena del crimen de un tapón de una botella de agua Volvic —marca que no se fabrica en España pero sí en Alemania— alertó a los agentes y al propio dueño del bufete, que inmediatamente cayó en que la chica que había conocido semanas atrás —que resultó ser la esposa de Dahud— era de una ciudad germana y en alguna ocasión había consumido esa marca.

El abogado

El abogado recordó también que, un mes antes de la matanza, el marido de su amiga le había amenazado por teléfono. En concreto, relató que el 19 de mayo de 2016 Dahud descubrió a su mujer chateando con el abogado. En ese momento, le arrebató el móvil, pero ella había borrado sus mensajes de WhatsApp, por lo que él decidió directamente apretar el botón de llamada. Víctor descolgó, pero no pudo ni hablar. «¿Quién es?», le interpeló inmediatamente el venezolano. «¿Quién eres tu?», respondió el letrado. «Yo soy su esposo, he sido soldado en Estados Unidos, me han entrenado para matar«, le amenazó el sargento, que colgó el teléfono.

Los policías comenzaron entonces a tirar de ese hilo y, gracias a la colaboración de las autoridades germanas, localizaron al hombre en Wurzburg, una pequeña ciudad a medio camino entre Frankfurt y Nuremberg. Sin embargo, la necesidad de traducir las comisiones rogatorias y la lentitud judicial provocaron que el Juzgado 41, responsable de las pesquisas, no pudieran cursar la orden de detención a tiempo. El sospechoso huyó a su tierra natal.

Entró en Venezuela a través de una frontera no controlada con Colombia y allí permaneció hasta que fue detenido el pasado 3 de octubre en la avenida Paseo Caroní de Alta Vista, término dependiente de Ciudad Guayana, donde había acudido para visitar a un familiar. Dahud no tenía ya nacionalidad venezolana, porque renunció a ella durante la época que pasó en Estados Unidos. Recién cumplida la mayoría de edad, viajó allí para alistarse en el Ejército norteamericano. Llegó a ser sargento del cuerpo de ingenieros de la Armada, institución donde permaneció 19 años. Luchó en la guerra de Irak y defendió la bandera del país desde Seúl o Alemania. A este último país llegó en 2007.

ROBERTO R. BALLESTEROS

En concreto, aterrizó en la base militar de Schweinfurt —a apenas media hora en coche de Wurzburg—, una sede que cerraría posteriormente sus puertas en 2014. Mientras trabajaba ahí, conoció a la que poco después sería su esposa, una chica de Wurzburg dedicada al sector sanitario, según se desprende de las diferentes testificales que obran en el sumario que instruye el Juzgado número 41 de Madrid.

Pero él quería más a nivel profesional. El Gobierno permite que los extranjeros que han puesto en juego su vida por el país en un conflicto bélico que se postulen para ingresar en West Point para ascender a oficiales. Para ello, Dahud tenía que prescindir de su pasado bolivariano, ya que el Ejército no permite que sus mandos tengan más nacionalidad que la norteamericana. Fue en ese momento cuando la Armada comenzó a analizar detalladamente su pasado. Tras bucear un poco, la Policía Militar descubrió que había una mancha negra en su historial. Al revisar sus empadronamientos, los agentes hallaron que vivía en un sitio diferente al que oficialmente había dicho, que indicó a propósito para recibir una subvención mayor a su vuelta de Irak.

Tras descubrir el engaño, observaron también que tenía un expediente disciplinario que entraba en conflicto con el artículo 157 del Código Militar

Después de descubrir el engaño, observaron también que tenía un expediente disciplinario que entraba en conflicto con el artículo 157 del Código Militar y, por lo tanto, suponía un impedimento para acceder a West Point. En concreto, descubrieron que en una ocasión se puso un distintivo de la Brigada Paracaidista que no le correspondía porque él no pertenecía a ese departamento y que lo hizo con el fin de falsificar su currículum. Averiguaron que ese episodio provocó que le condenaran a prisión, una pena que cumplió durante poco tiempo porque en seguida abonó la fianza y salió en libertad, pero no se libró de la expulsión del Ejército, extremo que tuvo lugar en 2014.

Desde entonces, no volvió a trabajar ni a hacer nada hasta septiembre de 2015, momento en el que empezó a estudiar un máster en dirección de empresas que no llegó a terminar porque tuvo que huir a Venezuela. Además, hacía terapia porque la guerra lo había dejado psicológicamente tocado. Así se lo reconoció de hecho el propio Dahud a Víctor cuando, un día después de llamarle para amenazarle de muerte volvió a telefonearle con intención de disculparse.

En concreto, le dijo que estaba tomando pastillas para tranquilizarse, porque se encontraba en tratamiento psicológico desde que regresó de Irak. Añadió también, según la declaración de Víctor en sede judicial, que le pidió que dejara a su mujer de malos modos, cosa a la que el letrado se negó. «Arregla tus propios problemas y déjame en paz«, le respondió el abogado en esa misma conversación, que tuvo lugar el 20 de mayo de 2016, un mes antes de que Dahud tomara la decisión de viajar a Madrid para perpetrar uno de los crímenes más horrendos de la historia reciente.

El investigado volará en los próximos días a España. El Juzgado 41 ya ha reclamado al militar americano después de que las autoridades de Venezuela le comunicaran vía diplomática que la Policía bolivariana lo había detenido, extremo que tardó más de dos meses en suceder. Tras un primer momento polémico porque que Gobierno estadounidense puso trabas a la extradición y hasta Cuba hizo amagos de reclamar al sospechosos porque dos de sus víctimas eran de allí, Venezuela dio por fin el visto bueno a la remisión de Dahud a Madrid.

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